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Adiós a Carlos Manso, un investigador de la música y danza, con la generosidad de un verdadero sabio

Estudioso de la historia de la danza y de la música, autor de las biografías de la bailarina ...

Estudioso de la historia de la danza y de la música, autor de las biografías de la bailarina María Ruanova, la soprano Conchita Badía, Antonia Mercé (“La Argentina”) y de otras figuras vinculadas con el Teatro Colón, Carlos Manso murió ayer, a los 97 años, en Coronel Suárez, “las tierras más frías y ventosas de la provincia de Buenos Aires”, como solía decir con una risa del lugar adonde pasó los últimos dos años y medio al cuidado de sus familiares. Además de sus libros, deja como legado el conocimiento compartido con generaciones de discípulos, artistas y amigos. Había nacido en La Colina, pequeña localidad rural del Partido de General La Madrid, un 10 de septiembre de 1928, en vísperas del Día del Maestro; tal vez con ese espíritu brindó siempre y desinteresadamente toda su sabiduría. Y se fue un Día del Escritor.

Cuando en 2022 el Consejo Argentino de la Danza (CAD) le otorgó el premio María Ruanova -para esa institución, que presidió, escribió un capítulo dedicado a los años 1919-1959 en el importante volumen Historia general de la danza en la argentina-, esa tarde, además del investigador de memoria prodigiosa se homenajeó en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura porteña la figura de un hombre “renacentista”. Estaba allí, emocionado, el escritor, el estudioso, pero también el pianista y el pintor naif que fue. Hasta no hace tanto, conservaba unas postales de sus cuadros de Chacras y estancias, exhibidas en los ’80, que entregaba como souvenir en ocasiones especiales. Había sido en 1972 cuando tomó la decisión; titulaba un diario: “Cambia teclas por pinceles”, para anunciar que Manso daba ese diciembre su último recital de piano con un programa de canciones y tonadillas españolas para dedicarse con más foco a la pintura.

Se recordaba también allí que había enseñado y difundido la música argentina en España, Portugal, Brasil (“Adoré vivir en Bahía, frente al mar y a su suave brisa. ¡Qué delicia era aquello!), Filipinas, Estados Unidos y la India. También a lo largo de su país, como pianista acompañante, en clases y giras, tocó en colegios, cárceles, instituciones de cultura popular, asilos, clubes y, en 1970, dirigió el Instituto Profesional de Arte Lírico (IPAL). Hasta que se mudó de la Capital, conservó siempre el piano en el living de su departamente de Recoleta. A 550 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, mientras pudo siguió escribiendo, él que tanto apreciaba los epistolarios y había salido al rescate de las correspondencias de grandes pesonajes. A veces firmaba en el saludo como “un peatón de otras centurias”.

Gran parte de su bibliografía y de su archivo personal (partituras, papeles, grabaciones del ciclo radial Un puente al pasado, la “prehistoria” de los libros publicados, recortes de notas propias y ajenas en diarios y revistas, y su colección de programas de mano prolijamente ordenada) la donó en vida al Instituto Nacional de Musicología Carlos Vega, que en ese acto anunció la creación del Fondo Documental Carlos Manso.

“Envuelta en música, con un grand jeté saltó a la inmortalidad”: la famosa frase que él consagró a María Ruanova en La verdad de la danza se lee ahora propicia para un reencuentro, en el que él creía. “Su palabra y su memoria fueron siempre una referencia indispensable para toda la comunidad de la danza”, apunta el CAD en una despedida con la misma profunda gratitud con la que se lo recordará siempre.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/adios-a-carlos-manso-un-investigador-de-la-musica-y-danza-con-la-generosidad-de-un-verdadero-sabio-nid14062026/

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