Boca empató con Instituto, frenó el impulso ganador y perdió a Paredes, mucho más que el capitán
Siempre se levanta Boca. Se tropieza una vez, dos veces, pero siempre tiene fútbol, coraje y hambre de gloria para no quedarse tendido en el césped. Líder del Grupo A, Instituto le convirtió un...
Siempre se levanta Boca. Se tropieza una vez, dos veces, pero siempre tiene fútbol, coraje y hambre de gloria para no quedarse tendido en el césped. Líder del Grupo A, Instituto le convirtió un gol, más tarde le hizo el 2-1, en Córdoba y con la clase de barrio. Pero el gigante no se encoge: da la cara. Levanta la mano. Y consigue un 2-2 que puede tener gusto a poco con respecto a la Tabla Anual, pero habrá que ver al final del camino.
Con mayoría de suplentes, con Lautaro Blanco en modo 10 (y cuando tiene tiempo y necesidad, juega en su posición habitual, atrás en el carril izquierdo), sostuvo la estantería hasta que se quedó sin el alma. Sin el capitán. Leandro Paredes entró por el joven Delgado y rápidamente fue reemplazado por el Ruso Ascacibar. Jugó unos 16 minutos, posiblemente víctima de una lesión muscular.
Ese es el desafío que se le viene a Boca, de ahora en más: jugar sin su bandera. Aunque había bajado de nivel en las últimas semanas, es un imprescindible. Adentro y afuera.
Boca está vivo en la triple competencia, lo que es poco. No es la Copa Libertadores, su obsesión histórica, pero al menos es un torneo internacional, la Copa Sudamericana. Este martes, desde las 21.30, jugará con Vasco da Gama la primera semifinal de una serie que se resolverá en el Maracaná una semana después. También está a un partido de la final de la Copa Argentina: el 14 de noviembre se cita con Banfield. Lógicamente, sigue en carrera en el torneo Clausura. Y una ambición extra: la tabla anual, una de las tantas creaciones festivas de la AFA.
¡ALARMAS ENCENDIDÍSIMAS EN BOCA! Leandor Paredes tuvo que dejar el campo de juego tras una lesión 16' minutos después de ingresar por Delgado ante Instituto. pic.twitter.com/R4gLTqOomM
— SportsCenter (@SC_ESPN) October 10, 2026Si espía el espejo de su historia y toma nota de la magnitud de sus adversarios, Boca puede con todo y contra todos. Se trata de saber administrar la energía: tine un buen plantel y un aceptable cuerpo técnico. Tanto es así, que Rodolfo Arruabarrena empezó a dosificar recursos. Algunos acá, todos allá.
En la lluviosa noche cordobesa recuperó soldados que parecían guardados de añejas batallas. De otros tiempos. Malcom Braida, de lateral derecho, con serias dificultades para la marca y la proyección. Marco Pellegrino, con el poderío en las alturas de un cuerpo atlético. Williams Alarcón, en el centro del campo, más preocupado por los pases laterales que de arriesgar hacia adelante. Carlos Palacios, casi siempre ajeno a lo que ocurría en el campo de juego.
Otros casos, con más minutos, fueron parte del equipo titular, como Sebastián Villa, muy rápido y con poca claridad por la banda izquierda y Enner Valencia, que se siente cómodo en el área y en el juego táctico de sombras y destrezas. La mayoría de los titulares, tomó nota del ensayo del Vasco desde el banco de suplentes.
Los primeros 20 minutos tuvieron ritmo, intensidad, drama y diluvio. Ganaba Instituto con un bombazo de Fernando Alarcón, uno de los tantos defensores que tiene el conjunto cordobés. Al rato, Boca le contestó con una arremetida de Enner Valencia, luego de una salida en falso de Marcos Ledesma, que en el aire chocó con dos zagueros, cayó y la pelota se le escurrió de entre las manos.
Entre la lluvia, buenas intenciones y lejos del área, el desarrollo mantuvo el interés, pero con cierta parsimonia, como si se tuvieran un excesivo respeto. En el arranque de la segunda mitad, esos compases estudiados, estructurados, se conviritieron rápidamente en otro alarido. A la salida de un córner, Jonatan Galván le pegó cruzado, lejos de Montero. Le vino mal a Boca, le vino bien al espectáculo: el gigante atacó con mayor decisión (siempre, con un prolijo uso del balón) y le dejó espacios a Instituto.
Con el tobillo derecho inflamado, Valencia pidió el cambio, a 35 minuos del cierre. Arruabarrena, entonces, tomó nota de modo global: a la cancha, Merentiel y también Paredes, inesperadamente por Delgado. Alarcón se quedó sobre el césped. La zona media era del equipo local, con la chispa de Alex Luna y, sobre todo, el despliegue de Matías Gallardo. El Muñequito manejaba los tiempos.
El uruguayo tardó un minuto en hacer un gol. Merentiel aprovechó una asistencia de 10 de Blanco, con un toque suave. El envión xeneize, con dos disparos que pudieron ser gol (Merentiel y Villa), se frenaron un poco cuando se produjo una situación inesperada: la salida de Paredes, que jugó apenas 16 minutos. Con un dolor en la parte trasera del muslo derecho, le dejó el lugar a Santiago Ascacibar.
Se sentó en el banco de suplentes, inmediatamente después se fue directo al vestuario. Parece ser una lesión seria, más aún si se tiene en cuenta que el primer choque con Vasco da Gama será el martes. “Le pinchó”, aseguraron los primeros informes médicos. Si es un desgarro, se perderá la serie copera.
De todos modos, pudo llevarse los tres puntos. Se quedó en la puerta del triunfo y cortó una serie ganadora aquí, allá y más allá. Estuvo dos veces en desventaja, pero tiene fútbol y coraje para seguir de pie.
“Por la cara, imagino que para el martes está descartado. Es nuestro capitán, sabemos lo que genera tanto dentro como fuera de la cancha”, se despidió Arruabarrena, en Córdoba. “Los soldados se van cayendo”, advierte. Tal vez, el principal rival de Boca, ahora, sea doble: el factor físico... y mental.