Boca encontró el rumbo: una victoria sobre Estudiantes para mejorar la imagen y recuperar la confianza
Agosto debía ser el mes del despegue para Boca. Después del 0-3 ante Riestra, la sufrida clasificación frente a O’Higgins, el tirón de orejas de Juan Román Riquelme y la fuerte autocrítica ...
Agosto debía ser el mes del despegue para Boca. Después del 0-3 ante Riestra, la sufrida clasificación frente a O’Higgins, el tirón de orejas de Juan Román Riquelme y la fuerte autocrítica de Rodolfo Arruabarrena, la mejoría mostrada en el 2-2 ante Newell’s necesitaba una confirmación. Y llegó frente a Estudiantes. Ante el primer rival de peso del nuevo ciclo, el Xeneize jugó su partido más completo, ganó 1-0 y consiguió su primer triunfo en el Torneo Clausura. Una victoria para acomodarse en la tabla anual, recuperar confianza y empezar a enderezar un semestre que había arrancado torcido.
Lejos de la versión del primer tiempo ante Newell’s, cuando había mostrado su mejor cara, Boca llevó la iniciativa en el Ducó, aunque durante buena parte de la primera mitad le costó transformar ese dominio en situaciones de peligro. Con un nuevo esquema, Leandro Paredes como volante tapón y una línea de cuatro mediocampistas por delante, sin Sebastián Villa y con Leonel Flores y Tomás Aranda bien abiertos, el equipo intentó lastimar por las bandas. Sin embargo, con Miguel Merentiel como única referencia, le faltó en el área un “9″ capaz de capitalizar alguno de los incontables centros que llegaron desde los costados.
Boca manejaba la pelota ante un Estudiantes que, desde el arranque, eligió replegarse y esperar alguna contra. Una postura demasiado conservadora por la jerarquía de sus futbolistas y, sobre todo, por el presente titubeante de un rival que venía de recibir dos goles ante Newell’s y tres frente a Deportivo Riestra. De hecho, las aproximaciones más claras de la primera mitad habían sido del Pincha, con Eric Meza aprovechando la espalda de Lautaro Blanco y Guido Carrillo imponiéndose en el juego aéreo.
Boca, en cambio, encontraba profundidad cuando Flores encaraba por la derecha a Gastón Benedetti, o cuando Paredes rompía líneas con bochazos largos para las subidas de Blanco. Pero casi todas las jugadas terminaban igual: centros fáciles de resolver para la defensa de Estudiantes.
El problema era que sus dos futbolistas más desequilibrantes jugaban a cincuenta metros de distancia, uno sobre cada banda, y nunca lograban conectarse. Aranda le liberaba el carril a Blanco, pero se perdía entre la maraña de camisetas blancas, mientras que Flores y Leandro Lozano todavía evidenciaban su falta de conocimiento.
Boca necesitaba que los pibes se encontraran, como había ocurrido por momentos ante Newell’s durante los mejores pasajes del equipo en Rosario. Y el gol nació justamente de la primera combinación entre ellos. Aranda dejó la izquierda para asociarse con Flores sobre la banda opuesta. Boca sostuvo la pelota en un rincón de la cancha hasta que el enganche cambió de frente para Blanco, que llegó libre y lanzó el centro atrás. Santiago Ascacibar se anticipó dentro del área y marcó el 1-0. Fue el quinto gol del Rusito en 24 partidos con la camiseta de Boca, aunque prefirió no festejarlo.
El principal acierto de Boca fue, al mismo tiempo, el mayor error de Estudiantes: salir a jugar el segundo tiempo como si el partido siguiera empatado. La ventaja le dio aplomo al Xeneize, que se mostró más sólido y confiado, administró mejor la pelota y empezó a encontrar asociaciones con mayor continuidad. Sobre todo, contó con un Flores inspirado, que tuvo la ocasión más clara para ampliar la diferencia con una apilada por derecha, un recorte hacia el centro y un remate que se fue apenas encima del travesaño. Aun así, la ventaja seguía siendo mínima. Y eso, en un equipo de mandíbula frágil, como demostró Boca en este arranque de semestre, siempre encendía una alarma.
En el mejor momento del equipo, con Paredes imponiendo su categoría, Milton Delgado sumándose a la elaboración y muy buenos rendimientos de Ascacibar y la zaga central, Arruabarrena tomó una decisión difícil de explicar: sacó a Merentiel para el ingreso de Villa -recibido con silbidos por buena parte del público- y ubicó a Aranda como falso nueve. El cambio, promediando el complemento, desarmó parte de lo bueno que Boca había construido. Aranda se diluyó, Boca perdió presencia en el área y el Pincha se adelantó unos metros, aunque nunca llegó a inquietar de verdad a Álvaro Montero. Tampoco el ingreso de Edwuin Cetré cambió el panorama: el colombiano chocó una y otra vez contra un Blanco firme, tanto para atacar como para defender.
Pero Boca siguió metido, concentrado y, esta vez, no le regaló al rival esos minutos de desconexión que tanto le habían costado en partidos anteriores. Estudiantes tampoco encontró respuestas con los cambios ofensivos y nunca consiguió arrinconarlo.
Lo mejor del partidoNo fue un partido para enmarcar, pero sí el más consistente de Boca en esta etapa de Arruabarrena. Tuvo ritmo, sostuvo un nivel parejo durante los noventa minutos y resolvió con autoridad un duelo ante un rival que no estuvo en su mejor noche, pero que sigue siendo un competidor directo en la tabla anual y un examen siempre exigente.
Boca lo ganó con el oficio de los grandes y la frescura de los chicos. Todavía necesita encontrar un nueve -¿será Enner Valencia?- que convierta el control en goles y ajustar decisiones desde el banco. Pero, por primera vez en mucho tiempo, las buenas sensaciones también se reflejaron en el resultado.