Daniel Melingo y el silbido porteño como una de las bellas artes
¿Dónde habrá una ciudad en la que alguien silbe un tango? La pregunta del Capitán Beto (ese mix de El Eternauta de Oesterheld con Rolando Rivas taxista de Migré) errante en un cosmos paralelo ...
¿Dónde habrá una ciudad en la que alguien silbe un tango? La pregunta del Capitán Beto (ese mix de El Eternauta de Oesterheld con Rolando Rivas taxista de Migré) errante en un cosmos paralelo se fue volviendo, con el tiempo, muy pertinente para Buenos Aires, la ciudad en la que silbar un tango devino una práctica exótica. Aún en tiempos de explosión de las milongas, orquestas típicas no tan típicas y reposiciones variopintas de Piazzolla (de la pompa sinfónica al desparpajo electrónico) entramos al siglo XXI sin poder responder aquella pregunta formulada por el colectivero-cosmonauta en la letra más terrenal, más yuyo-en-el-adoquín, jamás escrita por el hermético Spinetta.
Hablamos de eso con Daniel Melingo en un bistró de la calle Estomba, una semana después del estreno de su Ópera Linyera, 2022. El mismo lugar donde siete años atrás había aceptado ser entrevistado para un libro sobre historias alrededor de Charly García (100 veces Charly). El periodista ansioso buscaba la anécdota escabrosa pero Melingo, huraño, levantaba una muralla: “Esas son cosas íntimas sobre las que no me corresponde expresarme”. Pero dando vueltas a la heladera algo del limón pudo ser exprimido: “Los Twist éramos conceptuales”. Al fin mi sospecha sobre el filo avant garde de un grupo que los hermanos mayores despreciaban como la chuchería plus ultra del under era confirmada. Pipo y Dany como el dúo performático Gilbert & George: normales hasta el paroxismo.
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La reinvención de Melingo en ese crooner roto que desafiaba cualquier molde, que se fue alejando de la parodia hasta encarnar un personaje (El Linyera) al que con el paso del tiempo había que escuchar menos con complicidad que con asombro es (separar la finitud del artista de la eternidad de la obra) de lo mejor que le pasó al rock (y al tango) en el siglo XXI. Pero, sin embargo, la pregunta de Beto, el errante, seguía sin tener una respuesta contundente. ¿Cuál fue el último tango compuesto para ser silbado?
En el bistró de Colegiales, casi una hora después, Melingo había cambiado su semblante. Llegó sin ganas de hablar, desviando la vista de su interlocutor, al borde del maltrato (30 años de entrevistas con artistas de rock de aquí y de allá inmunizan). Pero ahora sonreía, después de haber contado el increíble periplo de su familia de origen griego, de una isla con su nombre que era un matriarcado. Y entonces podía avanzar con la cuestión: ¿Acaso él, en su reinvención y su trabajo de investigación sobre la guardia vieja había conseguido meter un último silbido en la calle?
De la desgrabación desprolija, donde nos tuteamos con naturalidad, paso al texto donde elijo el “usted”, un gesto de estilo que se corresponde con el destino de la publicación: Montevideo. Transcribo la recta final de la interview donde vuelve el dilema de Beto.
-¿Es posible hoy, 2022, componer un nuevo tango que la gente silbe por la calle?
-El silbido es esencial en el tango. He estado con gente muy cercana a Gardel y me contaron que componía silbando… Si un tango se pude silbar es porque tiene una trascendencia importantísima.
-¿Cree que podría conseguirlo?
-No tengo esa meta. Pero quizás ya lo haya logrado con “Ayer”, que es un tango que muchos cantantes han incorporado a su repertorio y de alguna manera ya está en la memoria popular.
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Quizás lo haya logrado, quizás no. Por lo pronto, llevo días silbando la intro de “Linyera” que, entre el tango y el fox trot, está hecha de eso, un silbido. Nunca había pensado hasta ahora que lo primero que me llamó la atención de Melingo fue el sonido de su clarinete (nadie tocaba el clarinete en el rock) que había absorbido de forma inadvertida por los discos de Benny Goodman que papá ponía en casa. Y lo mal que papá, en camiseta como el el Twist, silbaba los solos del jazzista.
PD: Lo mejor que puede decirse de la peor noticia sobre Melingo es que con él, como pedía Spinetta, mañana era mejor. ¿Cómo es que no voy a poder ver al mejor artista de Buenos Aires de nuevo?