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Masivo y monumental: cuando el Bellas Artes se llenó de pochoclos por Julio Le Parc y sus amigos

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Julio Le Parc fue indiscutiblemente uno de los más importantes artistas fundadores del arte óptico-cinético. Su geometría de movimiento real o virtual nació en Buenos Aires, se trasladó a Francia a fines de los años 50 y, desde allí al mundo que lo consagró y disfrutó. Junto a una gran pericia técnica, Le Parc desarrolló un pensamiento acerca de lo que el arte debía ser.

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Miembro fundador del GRAV, Grupo de Investigación en Arte Visual, en 1963 junto al grupo escribía el manifiesto “Basta de Mistificaciones”. Contra la teoría romántica del artista genio creador, lo proponían como un agente social. Un mediador para la participación activa en una experiencia estética que expandía los sentidos, la percepción. Con la creación de los múltiples (obras seriadas de precios accesibles) y el desafío de llevar el arte a la calle, dislocando la rutina de la vida cotidiana, Le Parc y el Grav dotaron al arte cinético de un sentido político que sigue resonando en el presente.

Aún viviendo en París, su relación con la Argentina fue permanente. Pudimos ver ese intercambio en la muestra Real/Virtual. Arte cinético argentino en los años 60, que curé en 2012 en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). En ella, Le Parc se evidenciaba como un referente, y un impulso a sus contemporáneos para seguir investigando en la dirección trazada por el cinetismo. Premiado en Venecia, celebrado en su país, Le Parc era la evidencia de que cierta geometría se desligaba del formalismo para mezclarse con la vida; para romper las barreras de los lenguajes artísticos y, a la vez, generar públicos activos.

El arte cinético, de su mano fue un éxito de visitantes tal que forma parte de la historia del MNBA. Cuando en 1964 se presentó en el museo la exposición del GRAV, La inestabilidad, no solo los habitués, la clase media y alta ilustrada, los artistas y especialistas, se hicieron presentes en las salas. El director de entonces, el arquitecto Samuel Oliver contó, entre sorprendido y gratificado que, por la exposición, los fines de semana el piso del museo quedaba cubierto de palomitas de maíz.

Masivo por ser para muchos, público por proponerse trascender el ámbito privado de la creación, monumental por “tomar” ciudades, permear a la moda, al diseño y ampliar al infinito la energía de la luz y el color, el arte de Le Parc, realizó buena parte de las aspiraciones de las vanguardias argentinas de los años 60. Artista internacional como pocos, su ancla estaba en París pero, sin dudas, una parte de su corazón seguía y seguirá entre nosotros.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/masivo-y-monumental-cuando-el-bellas-artes-se-lleno-de-pochoclos-por-julio-le-parc-y-sus-amigos-nid30052026/

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