Messi volvió con un gol, Argentina ganó y llega al Mundial con buenas sensaciones
KANSAS CITY, Estados Unidos (Enviado especial).- En 89 años de historia, el Jordan-Hare de Auburn, Alabama, jamás había sido escenario de un partido de soccer. Templo del fútbol americano unive...
KANSAS CITY, Estados Unidos (Enviado especial).- En 89 años de historia, el Jordan-Hare de Auburn, Alabama, jamás había sido escenario de un partido de soccer. Templo del fútbol americano universitario y con capacidad para 87.000 espectadores -7.000 más que los habitantes de la ciudad-, la casa de Auburn Tigers se vistió de fiesta para recibir a los campeones del mundo, en una jornada histórica tanto para el deporte local como para la enorme comunidad latina que llegó desde distintos puntos del sureste de Estados Unidos con la ilusión de ver de cerca a Lionel Messi y al resto de las figuras del plantel.
El espectáculo incluyó tribunas repletas, música en español en la previa, show de luces y hasta la tradicional suelta de un águila guerrera, uno de los grandes símbolos de la universidad. Aunque Lionel Scaloni había definido este compromiso como “una piedra” en el camino hacia el debut mundialista del martes frente a Argelia, el funcionamiento del equipo y que ningún jugador sufriera nuevas molestias terminaron dibujándole una sonrisa al entrenador.
El broche de oro fue la vuelta del capitán: el rosarino ingresó a falta de 20 minutos y, en apenas un par de intervenciones, dejó en claro que, pese al parate obligado por la sobrecarga que condicionó su puesta a punto, conserva el nivel que venía mostrando en Inter Miami. En su primera pelota, filtró una asistencia perfecta para Lautaro Martínez, derribado por el arquero cuando se aprestaba a definir. De esa infracción nació el penal que el propio Messi cambió por gol, para alcanzar los 117 tantos con la selección y convertirse, con 38 años, 11 meses y 14 días, en el jugador más longevo en marcar con la camiseta argentina, por encima de Ángel Labruna.
La cancha pesada, consecuencia de la intensa tormenta que azotó la ciudad durante las horas previas al partido, fue el principal obstáculo con el que debió lidiar la selección. Tal vez por eso Scaloni optó por preservar a la mayoría de los titulares y apostar por una formación muy similar a la que había vencido a Honduras, aunque con una rotación todavía mayor. Así, futbolistas como Cristian Romero, Nicolás González -como marcador de punta-, Gonzalo Montiel y el propio Lionel Messi comenzaron en el banco e ingresaron recién en el tramo final para sumar minutos sin someterse a una exigencia física excesiva, una decisión que dio resultado: ningún jugador terminó con molestias ni con una carga importante de desgaste.
Pero ese no fue el único aspecto positivo para Argentina, que volvió a mostrar rendimientos altos en todas las líneas y consiguió otro triunfo para reforzar la confianza de cara a la recta final antes del Mundial. Después de unos días marcados por la preocupación por las lesiones, el equipo cerró la noche con la mayoría de los tocados volviendo a tener rodaje y dejando señales positivas, tanto desde lo colectivo como en el plano individual.
Con Exequiel Palacios otra vez como eje del mediocampo, recuperando e iniciando el juego con claridad; con Valentín Barco muy agresivo tanto en los duelos -vio la amarilla y jugó al límite- como con la pelota, además de aportar su cuota de gol; con un trabajo prolijo de los laterales Agustín Giay por la derecha y Facundo Medina por la izquierda; con los destellos de Nicolás Paz y Giovani Lo Celso en la elaboración; el empuje de Giuliano Simeone y una buena versión de José Manuel López, la selección tuvo pasajes de muy buen fútbol durante buena parte del primer tiempo, hasta que el cooling break le quitó continuidad al desarrollo.
Frente a un rival físico, intenso y que por momentos abusó del juego brusco, aunque con buen trato de pelota, el conjunto de Scaloni respondió en distintas facetas: con el balón, con buenas asociaciones por el centro y secuencias de más de 15 pases a alta velocidad, una marca registrada de este ciclo; y sin él, con los volantes replegados, ocupando bien los espacios y sin dejarle margen a Islandia para crecer ni instalarse en campo rival.
En el segundo tiempo, con el ingreso del mediocampo titular -Rodrigo de Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister-, la selección controló mejor el trámite y llegó con más fluidez y claridad a los metros finales: contó con dos remates en los palos, uno tras un disparo de Mac Allister y otro de Lautaro Martínez, que, con Julián Álvarez todavía ausente por precaución, se lamentó por esa acción y por otra contra encabezada por Nicolás Paz en la que no llegó a definir, consciente de que se juega mucho en la pelea por un lugar entre los titulares.
Con el 2-0, el negocio pasó por bajarle el ritmo al desarrollo y evitar la pierna fuerte de los islandeses, una constante durante todo el partido, al punto que el árbitro, el estadounidense Rosendo Mendoza, tuvo que intervenir en más de una ocasión para bajar los decibeles.
Argentina terminó casi con su 11 ideal en cancha y con un gol de esos que tantas veces identificaron a la selección de Scaloni: precisión en velocidad, la jerarquía de Messi y los volantes llegando al área para definir. Una escena que renueva la ilusión después de tantos días de preocupación por las lesiones y que ratifica a la selección, más que nunca, entre las grandes candidatas al título.