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“No les importó que no venía de Oxford”: la argentina que investiga los secretos del cerebro junto a dos Nobel de Medicina

TRONDHEIM.- Arriba, en el cuarto piso de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU), los investigadores Rajat Saxena y Michael Schellenberger, de la India y Alemania, respectivamente, a...

TRONDHEIM.- Arriba, en el cuarto piso de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU), los investigadores Rajat Saxena y Michael Schellenberger, de la India y Alemania, respectivamente, acarician a una rata que tiene una especie de corona en la cabeza: allí le colocaron los implantes que hacen posible ver su actividad neuronal a través de un par de monitores.

“Nosotros la pasamos bien con ellas y ellas son felices con nosotros”, resume Schellenberger, mientras la acaricia. “Con un animal deprimido no se podría generar la cantidad de datos que necesitamos”, suma. Otro investigador, el italiano Matteo Guardamagna, que ofició de guía en la recorrida por el laboratorio, tras un seminario con los ganadores del premio Kavli 2026 en neurociencias, detalla que trabajan con pocas ratas y que realmente se las trata bien.

En este moderno edificio, los “Curie noruegos”, May-Britt y Edvard Moser (matrimonio ganador del Premio Nobel de Medicina, aunque ahora separados), han generado un imperio de investigaciones neuronales que creció desde el galardón, obtenido en 2014, por sus trabajos en lo que se conoce como el GPS, el lugar del cerebro que genera las orientaciones espaciales.

Un piso más abajo de donde están los animales tiene su oficina la líder de equipo, Soledad Gonzalo Cogno, una científica de Castelar formada en la Universidad de Buenos Aires y el Instituto Balseiro de Bariloche. Vive en Trondheim desde 2017, cuando la ficharon May-Britt y Edvard. Allí se casó con otro argentino y tiene una hija de un año.

El trabajo de Gonzalo Cogno es darle forma teórica a la cantidad de datos que sus colegas recopilan de las ratas y ratones que son monitoreados arriba. “Estamos en el medio de un cambio de paradigma, que es inicialmente tecnológico, pero que deviene en conceptual”, dice a LA NACION. “Ahora podemos ver miles de neuronas actuando a la vez, cuando antes se veía apenas una neurona o un puñado de ellas, y así podemos hacer un mapeo de la dinámica y la función de las neuronas para poder perturbarlas y manipularlas para ver qué sucede. Esto nos permite testear teorías e hipótesis”.

May-Britt Moser llegó a escribir de Gonzalo Cogno lo siguiente: “Ella es conocedora, ambiciosa, entusiasta, eminente conferencista y extremadamente trabajadora. Sin embargo, ella se preocupa tanto por las personas como por los animales. ¡Y como supervisora es simplemente brillante!”.

Para profundizar sus investigaciones, la argentina armó una red de colaboradores con instituciones de Londres, Barcelona y Nueva York. Cree que la neurociencia es todavía una disciplina joven, que muchas veces usó simplificaciones y suposiciones para establecer sus teorías. Por eso, ahora que existe una tecnología potente, su idea es entender el cerebro de manera más realista. Es decir, “poder ver qué ventaja computacional tiene que sea así, entenderla en conjunto y descifrar por qué, por ejemplo, hay células en la corteza cerebral que todavía no se sabe qué hacen”.

Eso es lo bueno de ver muchas neuronas que actúan a la vez y es parte de una avanzada de investigación conocida como “conectoma”: un mapa completo de todas las conexiones cerebrales. Algo que ya se ha hecho en la mosca de la fruta, uno de los insectos preferidos por los investigadores para su estudio y de la que ya se sabe cómo se conecta cada neurona con otra y qué redes teje. Se puede porque la cantidad de neuronas de la mosca es inferior a las 200.000, contra las 86.000 millones del ser humano. De modo que falta recorrer un largo camino todavía para conseguirlo en el homo sapiens, pero el camino está trazado

Aunque hizo experimentos, Gonzalo Cogno siempre supo que lo suyo iba más por el lado de la teoría. “Me interesa conocer los mecanismos de las funciones cerebrales; necesito entender el mecanismo asociado a una función cerebral. Los teóricos vamos en contra del detalle; queremos buscar principios, los más sencillos posibles que expliquen una determinada observación”, analiza.

Su último trabajo, que lo hizo con Claudia Clopath, del Imperial College de Londres, y se encuentra en estado de preprint (es decir, a la espera del referato de colegas), busca mostrar las secuencias neuronales que sustentan una diversidad de funciones cerebrales, ya que esa variabilidad de sus propiedades es lo que les permite respaldar de manera flexible la conducta y cognición.

“Siempre les voy a estar agradecida a los Moser porque las cosas no resultaron siempre fáciles. Tuve la suerte de recibir los apoyos que recibí; no les importó que no viniera de Princeton, Oxford, Cambridge, las grandes universidades. Les importaron las ideas y el trabajo que podía generar. Eso fue fundamental. Tengo la gran responsabilidad de repetirlo con las nuevas generaciones, pero siento que me lo gané porque le puse todo”, había dicho cuando le dieron el laboratorio, en 2023.

Volver a casa

Con una hija de apenas un año, casada con el físico argentino Iván Davidovich y sin abuelos a la vista, es razonable que, después de una década, a Gonzalo Cogno se le pase por la cabeza volver a Argentina, aunque el momento para ejercer la ciencia en el país no sea el mejor. Trondheim es una ciudad con un largo invierno, que está a la misma distancia de la capital Oslo que del Círculo Polar Ártico y a por lo menos 15 horas de vuelo de Buenos Aires.

“La ciencia requiere mucho tiempo en sus procesos y no se puede estar atado a los vaivenes políticos”, analizó. Y agregó que en todos lados se reconoce el trabajo de los científicos como importante para la comunidad y, por eso, le resulta singular que en Argentina, por momentos, se los trate de “ñoquis”.

Sin embargo, reconoce que extraña las pequeñas cosas del país, como cuando iba a trabajar en Bariloche por la avenida Bustillo, al lado del Nahuel Huapi; los amigos y los asados. Por eso también es que mantiene colaboraciones con los investigadores argentinos. En diciembre participará de un encuentro que se llevará a cabo en la misma Bariloche: un simposio de la Patagonian School of Science para discutir neuroasuntos. Son once días de diálogo y reflexión entre neurocientíficos de primer nivel y entre 20 y 25 estudiantes de doctorado y postdoctorado. Tendrá como invitado estrella al Nobel Edvard Moser, uno de los mentores de Gonzalo Cogno. Por un rato, al menos, ella estará en casa.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/la-argentina-que-investiga-los-secretos-mas-reconditos-del-cerebro-con-dos-nobel-de-medicina-nid17092026/

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