¿Quién manda en el Vaticano cuando no está el Papa? La pregunta que volvió a escucharse cuando León XIV estaba en el quirófano
ROMA.- Si bien algunos se preguntaron quién estaría al mando en el momento de la anestesia total a la que fue sometido el papa León XIV durante la ...
ROMA.- Si bien algunos se preguntaron quién estaría al mando en el momento de la anestesia total a la que fue sometido el papa León XIV durante la intervención quirúrgica a la que fue sometido este martes, la respuesta es: nadie.
El Vaticano es una de las pocas monarquías absolutas del mundo, y su jefe máximo, el Papa, nunca es reemplazado por nadie y no hay ni un “vicepapa” ni regente alguno.
Tal como recordó el Corriere della Sera, cuando un Papa está internado, como en este caso por siete días, se mantiene la premisa de que “el gobierno está y permanece en manos del Santo Padre”.
La Constitución Apostólica que reformó la Curia, “Praedicate Evangelium”, establece, en efecto, que el Pontífice “se sirve de los Dicasterios de la Curia Romana, los cuales, por tanto, llevan a cabo su labor en su nombre y por su autoridad”.
Todos los dicasterios, es decir, “ministerios” e instituciones del Vaticano ya operan en nombre del Papa y funcionan con normalidad. Aunque, por supuesto, las decisiones más importantes deben ser tomadas y ratificadas por el Pontífice, ni siquiera en este aspecto surgen problemas particulares, dado que León —si fuera necesario— podría hacerlo desde una habitación de hospital, tal como hicieron sus predecesores.
Solo hay “sede vacante” cuando un pontífice muere o renuncia (como fue el caso de Benedicto XVI en 2013): entonces la administración de los asuntos ordinarios pasa al Colegio Cardenalicio, a la espera del cónclave.
El canon 335 del Derecho Canónico también alude a la posibilidad de una sede “totalmente impedida”, aunque se trata de un escenario distinto: Pablo VI y Francisco firmaron cartas de renuncia anticipada —confiadas al Secretario de Estado— para ser utilizadas en caso de que una enfermedad grave y repentina (como un derrame cerebral) les impidiera tomar decisiones con la “plena libertad” y “conciencia”, como la que tomó Joseph Ratzinger al decidir dimitir.
Pío XII también firmó un documento similar, aunque no por motivos de salud: consciente de un plan de Hitler para detenerlo durante la ocupación nazi, dejó una carta de renuncia a finales de 1943 para que, de producirse tal situación, fuera Eugenio Pacelli —y no el Papa— quien resultara hecho prisionero.
Como se trata de una praxis “normal”, los vaticanistas descuentan que seguramente también el papa León XIV ya habrá escrito y firmado un documento similar, por las dudas.