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Se acerca el juicio por el ex Puma asesinado en París: la lucha de la familia y las penas que podrían recibir los agresores

PARIS.- El próximo 7 de septiembre, el tribunal de la Corte en lo Criminal de París dará inicio a un juicio histórico: el asesinato de Federico Martín Aramburú, ex rugbier internacional argen...

PARIS.- El próximo 7 de septiembre, el tribunal de la Corte en lo Criminal de París dará inicio a un juicio histórico: el asesinato de Federico Martín Aramburú, ex rugbier internacional argentino del Biarritz Olympique (BO), quien fue acribillado a balazos por la espalda en plena noche parisina el 19 de marzo de 2022. Cuatro años y medio después, esa tragedia sigue conmocionando al mundo del rugby y poniendo de manifiesto los excesos violentos de la extrema derecha francesa.

Aquella noche, Federico Aramburú (42 años), leyenda argentina del rugby, bicampeón de Francia con el Biarritz Olympique y tercero en la Copa del Mundo de 2007 con los Pumas, un gigante de sonrisa tímida, adorado en el País Vasco, donde echó raíces tras su carrera profesional, se vio envuelto en un altercado que no debería haberse producido jamás.

El ex rugbier había viajado a París para asistir al partido entre Francia e Inglaterra del Torneo de las Seis Naciones. Tras el encuentro, se reunió con su amigo y socio, Shaun Hegarty, en Le Mabillon, un conocido bar-restaurante del barrio de Saint-Germain-des-Prés.

El ambiente era distendido hasta que un grupo de hombres, entre los que se encontraban Loïk Le Priol y Romain Bouvier, comenzó a provocar a otros clientes. “Les llamamos la atención y se volvieron contra nosotros”, relataría Hegarty más tarde.

Aramburú intervino, protagonizando a su vez otro enfrentamiento entre él y los tres individuos, que le lanzaron una serie de amenazas. Todo se calmó con la intervención del servicio de orden a pesar de que, durante la disputa, uno de los agresores exhibió un arma.

Una vez en el exterior, los dos grupos se trabaron en una violenta pelea a puñetazos. Separados nuevamente, Aramburú y Hagerty partieron rumbo al hotel. Debían encontrarse con sus clientes a las 9 de la mañana, pero antes se detuvieron en el hotel Welcome, que se encuentra de paso: estaban lastimados y querían hielo para desinflamar los hematomas.

Fue entonces cuando un jeep negro se detuvo bruscamente a la altura de ambos. Bajó Romain Bouvier (34 años) con un arma en la mano y, sin mediar palabra, disparó dos veces contra Federico. Una bala le impactó en el muslo y otra en el costado. Aramburú cayó al suelo. Loïk Le Priol tomó el arma y lo persiguió a pie, disparándole seis veces. Cinco balas lo alcanzaron: cinco impactos en la espalda, mientras intentaba huir.

Aramburú se desplomó, rogándole a su amigo que llamara a la policía:

“Llamá a la policía. Me voy a morir…”, le dijo.

Cuando los servicios de urgencia llegaron, apenas minutos después, no consiguieron reanimarlo. Federico Martín Aramburú murió ante la mirada de su amigo, paralizado por la impotencia.

Quién era el agresor

A los 31 años, Loïk Le Priol no era un desconocido para la policía. Con antecedentes en el registro S de presuntos terroristas, y conocido por sus vínculos con grupos neofascistas, fue expulsado en segundo año del elitista Notre-Dame d’Orveau, ese liceo católico de Maine-et-Loire donde, entre hijos de la alta burguesía y herederos de la extrema derecha, ya se le reprochaban agresiones contra sus compañeros. Un centro donde, según una investigación de StreetPress en 2023, varios docentes denunciaron prácticas de adoctrinamiento en la ideología de extrema derecha. Le Priol extrajo de allí un odio visceral, una visión del mundo donde la violencia es un arma legítima.

Le Priol es un antiguo comando de marina, expulsado del ejército por actos de violencia. Ex miembro del GUD (Groupe Union Défense), un movimiento estudiantil de extrema derecha, fue condenado en junio de 2022 a cuatro años de prisión —dos de ellos en suspenso— por participar en la tortura de un antiguo presidente del GUD en 2015. También lanzó una marca de ropa muy apreciada por la extrema derecha, en la que subvierte eslóganes antirracistas para convertirlos en mensajes provocadores. Tras el asesinato de Aramburú, huyó y fue detenido cuatro días después, en la frontera entre Hungría y Ucrania.

Romain Bouvier, su cómplice, comparte el mismo caldo de cultivo ideológico. Ambos forman parte de la facción más dura de la ultraderecha francesa, esa que no se conforma con manifestarse, sino que arma sus discursos. Antiguo estudiante de la Universidad Paris-Assas, una institución de prestigio... y un semillero para la extrema derecha. Miembro del GUD, conoce a Le Priol a través de ese entorno militante. Al igual que este último, fue condenado en junio de 2022 a cinco años de prisión —tres de ellos en suspenso— por el mismo caso de tortura. Tras disparar contra Federico, se ocultó durante varios días en un hotel de Sablé-sur-Sarthe, antes de ser arrestado por la Brigada de Búsqueda e Intervención (BRI, en francés) de Nantes el 23 de marzo de 2022.

La noche del asesinato, ambos tenían prohibido frecuentarse, una medida judicial que pisotearon con una arrogancia criminal. Armados y decididos, acecharon a Martín Aramburú tras la pelea, como quien persigue a una presa. Le Priol disparó por la espalda. Bouvier apuntó a las piernas y al costado. El primero responderá por asesinato con premeditación. El segundo, por tentativa de asesinato.

Cómo pasan sus días los presos

Desde su arresto, Loïk Le Priol y Romain Bouvier permanecen en prisión preventiva. Para Le Priol, los primeros meses fueron de aislamiento total: más de un año encerrado en su celda 23 horas al día, incomunicado y bajo estricta vigilancia. Una medida excepcional, reservada para los detenidos más peligrosos. Hoy parece haber encontrado una suerte de rutina carcelaria, casi banal, como si el sistema penitenciario hubiera terminado por normalizar la atrocidad de su crimen.

Bouvier, por su parte, fue trasladado a un módulo de máxima seguridad. Aunque están separados, ambos permanecen bajo estrecha vigilancia: el riesgo de fuga o de presión sobre los testigos es real. Sus abogados multiplican los recursos y las solicitudes de libertad condicional, pero en vano. Esta vez, la justicia francesa no ha cedido ni un milímetro. Su ferocidad quedó nuevamente demostrada por el medio digital Au Poste, que este 2 de septiembre reveló una conversación oída al azar por un guardián de la prisión. Intrigado por un diálogo que Le Priol parecía mantener mediante un celular —prohibido en el establecimiento—, abrió la mirilla justo cuando el detenido decía: “Lo que más me gustó fueron los cuatro plomos que le metí en las tripas”.

Esas declaraciones contrastan con las que Loïk Le Priol dio ante los investigadores, según elementos de la investigación revelados por el diario Libération. Ante la policía, en febrero de 2023, justificó su intento de huida hacia Ucrania afirmando que su objetivo era “reparar el daño que había causado” y tratar “de compensar la pérdida de la vida de ese hombre intentando salvar a otros. Y por qué no, sacrificando la suya propia”. Asimismo, aseguró que quería “redimirse” de la culpa que lo atormenta.

Lyson R., la pareja de Le Priol, también se encuentra en el banquillo de los acusados. Se la sospecha de haber llevado a Bouvier hasta la víctima en su Jeep aquella noche: un papel de logística macabra. Antony S., otro allegado, enfrenta cargos por complicidad, encubrimiento y destrucción de pruebas, ya que presuntamente ayudó a Bouvier a huir tras los disparos.

El dolor familiar

María Martín Aramburú, la viuda de Federico, aprendió a medir el tiempo por fechas que debe superar. Sin tribunas mediáticas ni lágrimas en público. Con una dignidad de hierro, la de las viudas que saben que la justicia, aunque sea imperfecta, es el último baluarte.

“El 19 de marzo es una fecha que hay que dejar pasar”, confesó a Rugbyrama en marzo de 2026. Pero cuatro años después, el dolor sigue ahí, crudo y silencioso. Evita los medios y protege a sus hijos, pero su lucha se ha convertido en una batalla por la memoria.

En el País Vasco, Federico es un héroe. En Biarritz, un mural gigante inaugurado en julio de 2023 en la rue du Centre rememora su vida: sus tries con la camiseta del Biarritz Olympique (BO), sus risas con Dusautoir o Traille, su amor por esa región que lo adoptó. Cada año, en vísperas de las fiestas de San Fermín, el equipo de veteranos Archiball Côte Basque organiza un partido conmemorativo en su honor. Cientos de personas acuden con camisetas de Argentina o del Biarritz Olympique para recordar que, en esa ciudad, el rugby resiste a la barbarie.

Del 7 al 28 de septiembre de 2026, el tribunal de la Corte en lo Criminal de París se adentrará en los abismos de aquella noche maldita. Serán 21 días de audiencia, decenas de testigos, peritajes balísticos y horas de debate sobre la premeditación, la ideología y la peligrosidad.

Los miembros del tribunal deberán determinar si Le Priol y Bouvier acudieron armados con la intención de matar, o si el drama fue el resultado de una escalada imprevista. Los mensajes de texto, los antecedentes y los testimonios sobre su odio al “mestizaje” —Aramburú, argentino de origen vasco, representaba para ellos un símbolo de la “decadencia multicultural”— serán el eje central de los debates.

La defensa intentará minimizar el papel del extremismo. Sin embargo, este proceso no será sólo el de dos hombres. Será el juicio contra el odio ideológico, el extremismo violento y el absurdo de una vida destrozada por nada.

“Estábamos en el lugar equivocado, en el momento equivocado, con personas que están totalmente fuera de la sociedad”, declaró Shaun Hegarty.

En caso de ser condenado por asesinato, Le Priol se enfrenta a la cadena perpetua. Una pena poco común en Francia, pero que los hechos podrían justificar. Bouvier, por su parte, podría recibir entre 20 y 30 años. Los cómplices tampoco saldrán impunes.

Sin embargo, independientemente del veredicto, los abogados de los acusados apelarán. Y un nuevo juicio podría prolongarse durante años.

En todo caso, este proceso trasciende el ámbito judicial. Es el espejo de una Francia fracturada, donde la extrema derecha, cada vez más visible, arma a sus militantes y sus discursos. Las asociaciones antifascistas (como Hegopampa, que apoya a la familia Aramburu) hacen un llamado a la movilización.

Para el rugby francés, este drama sigue siendo una mancha negra. Leyendas como Serge Blanco, Thierry Dusautoir o Imanol Harinordoquy han rendido homenaje a Federico. El mundo del rugby, a menudo criticado por sus excesos, demostró aquí su solidaridad y su humanidad.

Y quizá fue Damien Traille, su antiguo compañero en Biarritz, quien mejor resumió lo absurdo de este crimen: “Federico era un tipo sencillo, generoso, que amaba la vida. No tenía nada que ver con la política. Pero, sobre todo, no se mata a un hombre por una idea”.

El comunicado del CASI

El Club Atlético San Isidro, junto con familiares y amigos del ex Puma, lanzó una convocatoria a la comunidad del rugby para reclamar justicia a pocos días del comienzo del juicio por el crimen. Bajo la consigna “JUSTICIA X FEDE”, la iniciativa tendrá presencia este sábado en los siete partidos del Top 14 de la URBA y en el encuentro entre los Pumas y Australia.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/rugby/se-acerca-el-juicio-por-el-ex-puma-asesinado-en-paris-la-lucha-de-la-familia-y-las-penas-que-podrian-nid04092026/

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