Una última polémica marca el cierre del turbulento mandato de Petro
BOGOTÁ.– “Tan desagradable es Petro que dejó por primera vez en la historia de Colombia que la población más grande de Colombia fuera la gente que salió de ser pobre a ser clase media”. ...
BOGOTÁ.– “Tan desagradable es Petro que dejó por primera vez en la historia de Colombia que la población más grande de Colombia fuera la gente que salió de ser pobre a ser clase media”.
Basta ver los últimos trinos (tuits en Colombia), declaraciones o forcejeos del presidente colombiano para medir cómo fueron sus casi cuatro años al frente del país cafetero: de polémica en polémica, siempre al combate, entre verdades supuestamente históricas y grandes mentiras.
Un ejercicio de polarización tan evidente que más parece que forma parte de su forma de ver la vida que de una estrategia que le rinda frutos políticos. Ciento por ciento Gustavo Petro, como el trino que él mismo escribió y que abre esta crónica.
Si alguien está cómodo situándose en las antípodas de quienes enfrenta, ese es el líder del Pacto Histórico y el siempre polémico gestor del Gobierno del Cambio.
El antiguo guerrillero del M-19, exalcalde de Bogotá, parlamentario brillante, el gran enemigo de los paramilitares que ha luchado a brazo partido para convertirse en líder global de lo que él entiende por progresismo, no ha dejado a nadie indiferente. Ni a sus simpatizantes ni a sus enemigos.
Cuando Aristóteles inventó aquello del animal político ni imaginaba que siglos después nacería en Colombia un dirigente que es muchos animales a la vez, un zoológico político, capaz de ser un león para defender lo que cree justo, una anaconda para constreñir, asfixiar y engullir a quienes pasan cerca de su camino político o el cachalote, capaz de emitir chasquidos de hasta 200 decibelios para aturdir a quienes le rodean.
“Cuando los pobres dejan de ser pobres se vuelven de derecha”, repitió Petro en una de esas intervenciones displicentes, recostado sobre una butaca como si fuera una estrella del rock de otros tiempos. Como si cada vez que hablara o trinara el planeta girase más rápido a su alrededor.
Basta repasar las últimas horas, en vísperas de la primera vuelta presidencial con su candidato, Iván Cepeda, a la cabeza de todas las encuestas. Mientras el Consejo de Estado ha ordenado al presidente que se abstenga de difundir propaganda electoral, las disidencias de las FARC se enfrentan a tiro limpio (medio centenar de muertos en lo que va de la semana).
Sin límitesA Petro nunca le han gustado los límites legislativos, lo que ha provocado que la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes le haya abierto diez procesos por participación indebida a favor de Cepeda. Poca cosa para el presidente, que además se ha enfrentado en un duro cara a cara con el alcalde capitalino por un tema menor, como casi siempre.
A la vez, el portal La Silla Vacía ha desvelado las conexiones empresariales, entre sombras, de Vanessa Cortes, la mujer que hace dos años paseaba de la mano de Petro por las calles de Panamá.
“Los escándalos son la forma de hacer política del gobierno de Petro, elemento esencial de su política. Gobierna a partir de la ‘escándalo politik’ para manejar la agenda pública. Petro ha generado él mismo un escándalo tras otro para tapar escándalos enormes de corrupción. La gente se preocupa de estos escándalos y no se ocupa de lo realmente importante, lo que habla de un bloqueo institucional”, resume para LA NACION el analista Sergio Ángel Baquero.
Una de las grandes paradojas es que Petro termina su mandato con una alta popularidad, algo inusual en Colombia. Varios factores pesan, no sólo el extravagante aumento del 20% del salario mínimo y un sistema de medios públicos, militante al 100%.
Sobre todo, Petro se ha beneficiado de su relación con Donald Trump: primero muy frontal y luego dialogante, como si de un péndulo se tratara. Su aprobación nacional supera hoy el 45%, cuando llegó a estar 20 puntos más abajo.
“Petro se ha caracterizado desde el primer día de su gobierno por su estilo polémico, desde una posición muy defensiva del proyecto del socialismo del siglo XXI, pese a que ya venía en retroceso. Ha querido ser un referente en este bloque, la última vez con el conflicto de Bolivia, donde se ha puesto del lado de un pequeño grupo (liderado por Evo Morales) que a solo seis meses del gobierno de Rodrigo Paz busca la desestabilización y el conflicto. La posición de Petro es a contramano de la mayoría de la región, pero también incluso en la vereda de enfrente del propio Lula da Silva, quien fuera el máximo referente de la izquierda de la región, pero que en el caso de Bolivia toma la postura más racional y la mayoritaria en el país”, puntualiza el analista internacional Miguel Velarde.
La grave crisis diplomática con Bolivia comenzó en Twitter, la plataforma favorita de Petro, donde más que cabalgar protagoniza una estampida constante.
“En estos cuatro años, Petro en su Twitter ha mostrado una personalidad impulsiva. No tiene filtros, reacciona de inmediato y también dispara fakes en tiempo real. Lo cual también sugiere una actitud personalizada y poco institucional: es él, no hay community managers a quien culpar. Eso sí, me da la impresión de que en los últimos meses, en campaña, ha sido más cuidadoso y su cuenta se muestra más alineada con los mensajes de gobierno”, matiza a LA NACION Carmen Beatriz Fernández, consultora de comunicación pública.